
Existe un momento exacto, cuando el avión baja entre las nubes sobre Santiago, en que la ciudad se ve como una ilustración. Cuadrícula irregular, cerros que interrumpen el orden, el río plateado cortando todo por la mitad. Pensé: alguien la dibujó así a propósito.
Llevo meses intentando capturar eso — la ciudad no como plano sino como criatura. Santiago respira, se contrae en invierno, se derrama en verano hacia los bordes. Sus calles tienen personalidad: unas apuradas, otras olvidadas, algunas que parecen existir solo para un tipo específico de soledad.
La serie Ciudades no es un mapa. Es un retrato.
Trabajo desde ventanas altas cuando puedo, desde Google Earth cuando no. El resultado es siempre el mismo: una ciudad que no reconoces del todo pero que sientes completamente tuya.